Aprendiendo a querer a mi cabello.

Mi cabello el primer día que usé los nuevos productos para rizos que probé en cuarentena.

Antes de pasar al review del producto, les quiero contar un poco de la relación complicada de amor/odio que he tenido con mi cabello. Una relación bastante común que tienen las mujeres de mi generación y las que vinieron antes, con sus cabellos rizados, especialmente si son de Latinoamérica, donde los cabellos rizados y afro son vistos como «pelo malo» y el lacio es visto como «pelo bueno». Me alegra mucho ver que eso está cambiando con las nuevas generaciones, pero aún nos queda mucho por recorrer, entender y aprender.

En fin, como a casi todas las que tenían el cabello como el mío o más rizado, nuestras madres nos hicieron alisado (así se le decía al relajante en mis tiempos) desde muy chicas, así como nuestras abuelas se lo hicieron a ellas. A mí me lo hicieron desde que tenía 9 años. Y era el alisado vieja escuela que te hacían en casa, que quemaba y uno ahí con la cabeza caliente y con ardor y te decían ‘pero aguanta 5 minutos más que la onda está apretada y no ha agarrado todavía.’ La mayoría de las veces quedábamos con más de dos costras de las quemaduras en la cabeza.

Cuando estaba chiquita y adolescente siempre pensaba que si se me apareciera un genio que me dijera que podía cambiar una parte de mi, yo sin pensarlo le pediría que me cambiara el cabello y cuando veía a alguna actriz con una cabellera hermosa pensaba: Así, así le pediría al genio que me pusiera el cabello. La verdad es que siempre sentí que tenía el cabello muy feo y que solo por pequeños momentitos cuando estaba recién «arreglado» se veía más o menos decente pero que nunca podría considerarlo como una parte de mi que quisiera y mucho menos que me gustara.

Mi mamá era súper dedicada y responsable con el cuidado de mi cabello por lo que todos los domingos religiosamente, desde que me hicieron el relajante, me sentaba en el piso de la sala mientras ella, sentada detrás de mi, me desenredaba el cabello mojado, en un largo proceso a veces doloroso y me ponía rollos, para luego pasar una hora en una secadora portátil, mientras me leía algún libro, y ya luego a dormir con ellos puestos, para que estuviesen completamente secos en la mañana, e ir bien peinadita a la escuela (Gina, mi hermana, odiaba dormir con rollos pero yo en otra vida creo que fui Geisha porque dormía con ellos feliz de la vida y en la mañana no tenía un solo cabello fuera de lugar)

La primera mitad de la semana todo bien, pero era un estrés constante pensar si sudaba, si me caía una gota de agua o si y las ondas ya iban perdiendo forma, apareciendo así las famosas «flechas» . Mi cabello, como muchos cabellos con relajante, iba perdiendo forma a medida que pasaban los días y las puntas se iban viendo rectas, abiertas y sin vida. Los últimos días de la semana ya tocaba llevarlo en una cola o un moño, para el domingo volver a ponerle rollos y empezar la rutina nuevamente. Es impresionante cuanto tiempo uno pasa pensando en el cabello, desde niña, cuando te hacen relajante.

Hasta adulta mi mamá me ponía rollos porque el blower tampoco me quedaba bien. Lo intenté con varios estilistas pero perdía la forma de una vez y al par de horas de salir del salón quedaban las puntas horribles y el resto del cabello con frizz y abultado. Y yo no entendía qué estaba funcionando mal en mi cabello pues veía que el blower se le veía bien a todo el mundo a mi alrededor, menos a mi. A veces me iba a hacer rollos a un salón de belleza pero demoraba literal más de 3 horas en la secadora. Hasta el sol de hoy, al irme de viaje por más de una semana, una de las primeras cosas que pasan por mi cabeza es cómo voy a hacer con mi cabello.

Un par de años después, cuando empezaron a ponerse de moda las famosas Keratinas inventé hacerme una, supuestamente menos fuerte (nadie me dijo en ese tiempo que hacerse Keratina con cabello alisado no es muy buena idea) Me tumbó todo el cabello y ahí empezó una nueva etapa complicada que duró años, pero que finalmente me llevó a entender y quererlo un poco más.

Esta es una de las fotos de mi cabello cuando se estaba cayendo, solo con peinarlo se iban soltando los mechones, por eso se ve tan disparejo.

El cabello no crecía, pues se partía constantemente, no había manera de emparejarlo y con cada relajante se iba debilitando aún más.

Si antes sentía que tenía el cabello feo, durante este tiempo creo que ya ni siquiera quería verlo suelto. Si pasas gran parte de tu vida pensando mucho en una parte de tu cuerpo, empiezas a creer que ésta te define.

Finalmente tomé la decisión de cortármelo todo y empezar a dejar crecer mi cabello natural. Las que han pasado por la transición a su cabello natural saben lo demorado y desesperante que puede ser a veces. Pues es como tener un casquito con doble personalidad en la cabeza, donde la mitad del cabello tiene una textura y un cuerpo totalmente diferente al de la otra mitad y se pelean entre sí.

Recuerdo clarísimo la primera vez que me cortaron las últimas puntas del cabello tratado con químicos, cuando quedé por primera vez con todo mi cabello natural. Mi estilista (que es mi Glam Fairy, si no la hubiese encontrado a ella creo que no lo hubiese logrado sola) me hizo unas ondas suaves, yo tenía el cabello como a la mitad del cuello en ese entonces.

Como a los dos días vi por primera vez que en lugar de unas puntas sin forma, el cabello tomaba una onda natural mucho mejor que las «flechas», tomaba una nueva forma que nunca me había visto y aunque parezca tonto no les puedo explicar la emoción que sentí. Me veía en el espejo y a mis 30 y algo de años, sentía que ese genio de mi fantasía de niña había cumplido, de alguna manera al menos, mi deseo.

A partir de ahí nunca más me he hecho alisado, ni ningún tipo de relajante, ni Keratina, aunque admito que sí me acostumbré a atenderme con mi estilista y ella me hace unas ondas o rizos más sueltos, con planchas.

Estas son las ondas que me hace mi estilista ahora que mi cabello tiene muchos años sin relajante ni keratina y son las ondas a las que estaba muy acostumbrada antes de la cuarentena. Confieso que una de las primeras cosas que haré después del encierro será visitar a mi Glam Fairy

Pienso que cada persona debe llevar su cabello como le plazca, largo o corto, del color que quiera, con o sin relajante. El punto es precisamente ese, ser libre de expresarnos a través de él como queramos pero que sea desde nuestra creatividad, necesidades y auto expresión, no siguiendo parámetros sociales forzados y establecidos desde una cultura que muchas veces nos lleva a odiar o rechazar nuestras raíces y los rasgos de nuestra identidad.

La relación con mi cabello aún no es perfecta y sé que me falta mucho por aprender o desaprender. A veces sigo soñando con tener un cabello más lacio y sedoso como el de las actrices de Hollywood o las Instagrammers y también sueño con la plata que me ahorraría en salones de belleza y tratamientos, si solamente con lavarlo con cualquier shampoo quedara lacio y listo.

Pero bueno, este post ya quedó larguísimo, muchas gracias por leerlo hasta el final y por interesarse en un pedacito de mi historia. Cuéntenme cuál ha sido su relación con su cabello, me encantaría leer sus experiencias.

En el próximo post les voy a contar mi experiencia con los nuevos productos de rizos que descubrí en esta cuarentena y que no sólo me han permitido por primera vez llevar durante semanas seguidas mis rizos 100% al natural, pero también han venido a darme otra lección en el camino de amar y aceptar realmente a mi cabello.

Have Fun with Fashion…and with your hair.

XOXO

Greta

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